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Santa Sede, Acceso |
¡Atraviesa el umbral! «Prefiero el umbral «En la Iglesia, todos, lo mismo quienes pertenecen a la Jerarquía que los apacentados por ella, están llamados a la santidad, según aquello del Apóstol: “Porque ésta es la voluntad de Dios, vuestra santificación” [1Tes 4,3; cf. Ef 1,4]. Esta santidad de la Iglesia se manifiesta y sin cesar debe manifestarse en los frutos de gracia que el Espíritu produce en los fieles. Se expresa multiformemente en cada uno de los que, con edificación de los demás, se acerca a la perfección del amor en su propio género de vida. El divino Maestro y Modelo de toda perfección, el Señor Jesús, predicó a todos y cada uno de sus discípulos, cualquiera que fuese su condición, la santidad de vida, de la que Él es iniciador y consumador: “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto” [Mt 5,48]. Él envió a todos el Espíritu Santo para que los mueva interiormente a amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente y con todas las fuerzas [cf. Mc 12,30], y a amarse mutuamente como Cristo los amó [cf. Jn 13,34; 14,12].» (VAT II, LG 39.40) |
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